Pretende mantener vivo el recuerdo positivo de Banesto, tanto para las personas que trabajamos en el Banco como para otras que quieran acercarse a conocer nuestros recuerdos y vivencias positivas.-Algunas fotos y textos se copian de internet, si alguno de sus autores no está conforme, con dejar un comentario lo borro.
domingo, 23 de julio de 2017
martes, 11 de julio de 2017
El Banco Español de Crédito (I): los orígenes (1856-1902)
Copiado Archivo Histórico Banco Santander :
El Banco Español de Crédito (I): los orígenes (1856-1902)
El año que acaba de terminar trajo en sus últimos días el anuncio de la absorción y liquidación de una de las entidades bancarias españolas de mayor relevancia histórica: el Banco Español de Crédito, cuya marca desaparecerá para integrarse plenamente su negocio en el Grupo Santander a partir de mayo de 2013. Con este motivo, iniciamos hoy una serie de artículos que repasarán la trayectoria más que centenaria de Banesto.
El Banco Español de Crédito había sido constituido el 1 de mayo de 1902 sobre la base de la Sociedad General de Crédito Mobiliario Español, la más importante de las sociedades de crédito operantes en el país y constituida en 1856 por los financieros franceses Isaac y Émile Péreire como filial de su célebre Crédit Mobilier, la institución que durante el Segundo Imperio (1852-1870) había revolucionado las finanzas francesas con su capitalismo popular avant la lettre, preocupado por reunir tanto los grandes capitales como los más pequeños y destinándolos a las más diversas inversiones en ferrocarriles, compañías de seguros, líneas trasatlánticas, infraestructuras urbanas e incluso los planes de remodelación urbanística de la capital auspiciados por el prefecto de París, el Barón Haussmann.
En España, la filial creada por los Péreire continuó su política de inversiones muy alejada del tradicional crédito comercial a corto plazo, atenuando el riesgo con una crecida suma desembolsada como capital. La principal de sus inversiones fue la Compañía de los Caminos de Hierro de Norte de España, que había de construir el ferrocarril que uniría Madrid con Valladolid, Burgos y Francia a través de Miranda de Ebro. Pero, además, el Crédito Mobiliario Españoldestinó un porcentaje apreciable de sus recursos a la dotación de infraestructuras de gas a Madrid, compañías de seguros y deuda pública española, junto con otras inversiones exteriores como la Compagnie des Chemins de fer du Midi, la Banque Impériale Ottomane, la Compagnie Parisienne d’Eclairage et de Chauffage par la Gaz de Philippe Le Bon, la Compagnie Inmobiliére de Paris o la International Financial Society, con sede en Londres.
Como cabía esperar, la trayectoria del Crédito Mobiliario Español se vio fuertemente sacudida por la crisis ferroviaria desatada en España a partir de 1866, complicándose aún más por la delicada situación financiera de su matriz francesa. Los riesgos derivados de esta última fueron neutralizados mediante una amplia operación de autocartera que supuso la adquisición de las 57.000 acciones que la sociedad francesa aún poseía de su filial española. En cuanto a la crisis ferroviaria, se alcanzó un audaz acuerdo con la Compañía del Norte para aceptar el pago de su deuda en obligaciones de la sociedad ferroviaria. Gracias a estas dos inteligentes operaciones, el Crédito Mobiliario Español logró sobrevivir a la destructiva crisis financiera de la década de 1860, desarrollándose su negocio durante los siguientes diez años bajo la tónica de los buenos resultados, en parte alcanzados en operaciones conjuntas con el Banco de España.
No obstante, la relajación de los lazos con la sociedad matriz francesa y el debilitamiento de sus inversiones ferroviarias terminaron por lastrar la marcha del Crédito Mobiliario, que en 1882 ya abordó un primer intento por reconvertir y ampliar su actividad crediticia a través de la constitución del Banco Español de Crédito, en colaboración con otras entidades francesas y el Banco Hispano-Colonial, con sede en Barcelona y vinculado al poderoso grupo empresarial del Marqués de Comillas. Sin embargo, el crash bursátil de ese año frustró el proyecto de refundación de la sociedad de crédito, que vio sus resultados igualmente mermados por la crisis de la peseta originada en las guerras coloniales y el aumento de la deuda pública a ellas asociada, así como por la conversión de su capital en obligaciones con cupones pagaderos en oro. Finalmente, el proyecto de reconstitución pudo hacerse realidad el 1 de mayo de 1902, cerrado el agitado período que condujo a la pérdida de las colonias de Cuba, Puerto Rico y Filipinas en 1898 y estabilizada la hacienda española bajo la dirección del ministro Raimundo Fernández Villaverde. Éste pasaría a formar parte del consejo de administración de la recién constituida entidad en la que, no obstante, el peso de los inversores franceses iba a seguir siendo fundamental.
Ya que si bien la presidencia del consejo quedaría a cargo de Cayetano Sánchez Bustillo (1839-1908), senador más tarde llamado a ocupar la cartera de Hacienda en el Gobierno de España, la vicepresidencia recaía en el francés Gustave Péreire y la dirección general en su compatriota Leon Cocagne. Del capital de la nueva entidad, el Crédito Mobiliario Español tomaba el 30%, en tanto que el 40% quedaba en manos de la entidad de negocios francesa Banque de Paris et des Pays-Bas (Paribas). La influencia francesa se dejaría sentir profundamente en la constitución de un poderoso Comité de Paris al que con frecuencia habría de consultar el Consejo de Administración en Madrid, así como en la reserva a favor de Paribas del 40% de los negocios no corrientes en España que convinieran a esta entidad.
Para saber más:
GARCÍA RUIZ, José Luis (2007): “Nacionalizando el capital bancario: Banesto y Paribas (1902-1927)”, en Investigaciones de Historia Económica, 9, pp. 79-108.
SÁNCHEZ-ALBORNOZ, Nicolás (1966): “De los orígenes del capital financiero: la Sociedad General de Crédito Mobiliario Español, 1856-1902”, en Moneda y Crédito, 97, pp. 29-67.
TEDDE DE LORCA, Pedro (1974): “La banca privada española durante la Restauración (1874-1914)”, en TORTELLA CASARES, G. (dir.): La banca español en la Restauración, vol. I. Banco de España, Madrid, pp. 219-458.
SÁNCHEZ-ALBORNOZ, Nicolás (1966): “De los orígenes del capital financiero: la Sociedad General de Crédito Mobiliario Español, 1856-1902”, en Moneda y Crédito, 97, pp. 29-67.
TEDDE DE LORCA, Pedro (1974): “La banca privada española durante la Restauración (1874-1914)”, en TORTELLA CASARES, G. (dir.): La banca español en la Restauración, vol. I. Banco de España, Madrid, pp. 219-458.
El Banco Español de Crédito (II): de la fundación a la nacionalización (1902-1927)
Copiado del Archivo Histórico Banco Santander :
El Banco Español de Crédito (II): de la fundación a la nacionalización (1902-1927)
La convivencia entre los intereses franceses y españoles, entre el Consejo de Administración y el Comité de París no fue siempre fácil, como se puso de manifiesto cuando surgió la necesidad de definir con precisión el carácter de la entidad y su política de inversiones: si se operaría bajo el molde de un banco de negocios, a imagen de su principal accionista francés y, por tanto, basado fundamentalmente en sus propios recursos; o si se decantaría por el modelo de banca mixta o universal que practicaba la mayoría de las entidades operantes en España. En la práctica, ello suponía una mayor disposición y organización para la captación de recursos ajenos, por lo que la creación de una amplia red de sucursales aparecía como una prioridad irrenunciable en este modelo de negocio. El debate sobre la política de creación de sucursales—y, por tanto, sobre el modelo de negocio bancario a desarrollar—enfrentó en el seno de Banesto a un grupo de accionistas españoles con los defensores de la tesis de Paribas, lo que motivó en 1906 la dimisión del presidente Cayetano Sánchez Bustillo, que sería sustituido por Manuel González-Longoria. El enfrentamiento se cerraba, pues, con una victoria provisional de la postura francesa. Hasta 1910, Banesto tan sólo crearía cinco sucursales (además de la de París, abierta desde la constitución del banco, se localizaban en La Carolina, Linares, Jaén y Almería, plazas todas ellas ligadas a la actividad de compañías mineras de capital francés), que se elevarían a ocho en 1916.
La coyuntura de la Primera Guerra Mundial se mostró especialmente propicia para los planes nacionalizadores de la alta dirección de Banesto. Naturalmente, la entidad española acudió en socorro de Francia durante los momentos más críticos de la Gran Guerra, comprando en París deuda pública, remesando crecidas cantidades en francos e incluso facilitando la compra de francos a cambio de oro cuando la cotización de la divisa francesa cayó lastrada por el esfuerzo bélico y una balanza comercial negativa. El episodio más simbólico llegaría a ser la custodia de los depósitos del Banco de Francia en la sucursal parisina de Banesto, al amparo del pabellón español que garantizaba la neutralidad. Pero ello no impidió que el consejo de administración del banco español insistiera en sus planes para alcanzar una mayor independencia en la gestión de la entidad y orientara decididamente sus recursos hacia la economía nacional. Cierto es que de la mano de Paribas, Banesto había participado desde 1902 en numerosas operaciones financieras en Europa (empréstitos a Bulgaria, Rumanía, Serbia, Rusia y los ferrocarriles suizos), América (con inversiones en México, Argentina, Panamá y Uruguay), África (empréstitos al Sultán de Marruecos e inversiones en el Crédit Foncier Egyptien) y Asia (suscripción de obligaciones de los gobiernos turco, chino y japonés), pero a cambio de una menor atención a su mercado nacional y al desarrollo de una red de sucursales propia. Esta situación cambiaría a partir de 1918, cuando las sucursales de Banesto alcanzaron el número de 13, que se elevarían a 21 en 1920, 124 en 1925, 343 en 1930 y 362 en 1935. La entidad española había iniciado decididamente el camino para convertirse en un gran banco de depósitos, en uno de los primeros del país.
Las circunstancias de la Gran Guerra habían sido determinantes en esto, pues con la depreciación del franco se había abierto la puerta al pago de las exportaciones españolas en activos denominados en pesetas y en oro, lo que impulsó la repatriación de un gran número de acciones de empresas españolas en manos de residentes en el exterior. Con ello, la presencia de accionistas franceses se redujo drásticamente, reforzando paralelamente la posición de los inversores y directivos españoles. Una consecuencia de ello fue el cierre de la sucursal de París para constituir en 1920 el nuevo Banque Française et Espagnole, donde participaban también el Banco Urquijo, el Vizcaya y el propio Paribas. La vida de esta entidad fue breve y sin especial brillo, liquidándose en 1928. Para entonces, la influencia y el número de los accionistas franceses se había reducido de tal forma que el año anterior los estatutos se habían modificado para suprimir el Comité de París, residuo prácticamente decorativo de un período ya finiquitado. La nueva senda de Banesto tras la Primera Guerra Mundial como entidad gestionada por y para los intereses de sus inversores españoles parecía simbolizarse en la inauguración por el rey Alfonso XIII de su nueva sede en la calle de Alcalá, esquina a la de Sevilla, el 6 de mayo de 1922.
De forma paralela a este proceso de nacionalización de la entidad, como su necesaria contraparte, se produjo su expansión territorial sobre la base de un aumento de los recursos propios, que se elevaron a 50 millones de pesetas en 1919. Con ello se abordó no sólo la apertura de nuevas sucursales, sino también la adquisición de otras entidades, como fueron el Banco Comercial de Valencia (1927), el Banco de Burgos (1928), el Banco de Oviedo (1920) o el Banco Gijonés de Crédito (1932), por citar algunos. Con esta nueva estructura ampliada para la captación de pasivo, su orientación como banco mixto se vio reforzada, dedicando crecientes recursos a la promoción de nuevas empresas.
Inauguración el 6 de mayo de 1922 de la nueva sede social de Banesto en la madrileña C/ de Alcalá, con la presencia del rey Alfonso XIII.
Para saber más:
GARCÍA RUIZ, José Luis (2003): “La etapa francesa de un gran banco español: Banesto, 1902-1927”. Ponencia presentada al VIII Congreso de Historia Económica, Santiago de Compostela, 13-16 de septiembre.
GARCÍA RUIZ, José Luis (2007): “Nacionalizando el capital bancario: Banesto y Paribas (1902-1927)”, en Investigaciones de Historia Económica, 9, pp. 79-108.
TEDDE DE LORCA, Pedro (1974): “La banca privada española durante la Restauración (1874-1914)”, en TORTELLA CASARES, G. (dir.): La banca español en la Restauración, vol. I. Banco de España, Madrid, pp. 219-458.
El Banco Español de Crédito (III): de la nacionalización al liderazgo del mercado bancario español (1927-1959)
Del Archivo Histórico Banco Santander :
El Banco Español de Crédito (III): de la nacionalización al liderazgo del mercado bancario español (1927-1959)
En la década de 1930 se produjo el relevo generacional en la alta dirección del banco, con la llegada a la presidencia del consejo en 1932 de una figura central en la historia de la entidad: Pablo Garnica Echevarría (1876-1959). Al igual que los dos anteriores presidentes, Gómez-Acebo y García-Prieto, Garnica era una figura destacada del Partido Liberal, al que representó en varias legislaturas como diputado, detentando cartera ministerial por dos veces entre 1918 y 1920.
En 1919 había ingresado en el consejo de Banesto como vocal y en 1923 era designado consejero delegado. Con él ya en la presidencia, el cargo de consejero delegado sería desempeñado por uno de sus más estrechos colaboradores: el banquero soriano Epifanio Ridruejo Botija (1899-1986). El tándem Garnica-Ridruejo enfrentó las difíciles circunstancias de la Guerra Civil, cuando—como la mayor parte de las sociedades bancarias con implantación nacional e incluso la misma moneda nacional—Banesto quedó dividido en dos entidades que tributaban reconocimiento a cada uno de los bandos en liza. La organización operante en la zona sublevada reconstituyó su consejo de administración en la ciudad de Burgos—donde se había localizado también la sede de la Junta Técnica del Estado—y, después, en San Sebastián. Desde Burgos, Pablo Garnica encabezaría el Comité Nacional de la Banca Española, que agrupaba a las entidades de crédito privadas en su relación con el poder público.
Concluida la guerra y restaurada la unidad monetaria y de negocio, Banesto pasó a ser pieza esencial en el denominado statu quo bancario, o marco legal que garantizaba una estructura estable del sistema financiero español a cambio de severas cortapisas legales a las entidades de crédito—en la apertura de sucursales, operaciones societarias o constitución de nuevas sociedades, por ejemplo—y su supeditación a los intereses y política económica del nuevo Estado Nacional. Gracias a ello, Banesto consolidó su posición como uno de los Cinco Grandes bancos españoles, que posteriormente se convertirían en Siete con la incorporación del Banco Popular y el Santander. En consonancia con el programa de industrialización promovido y tutelado por el Estado desde los principios del intervencionismo, el nacionalismo económico y la autarquía—al menos hasta el año 1959, cuando se implemente el Plan de Estabilización—Banesto fortaleció considerablemente su cartera de participaciones industriales, al tiempo que crecían sus recursos tanto propios como ajenos como resultado de las distintas ampliaciones de capital, por un lado, y la apertura de nuevas sucursales e incorporación de otras entidades—como la adquisición de la S.A Arnús-Garí en 1942 o la toma de control del Banco de Vitoria en 1955 —por otro.
Al finalizar la presidencia de Pablo Garnica en 1959 el balance no podía presentar mayor brillantez: el Banco Español de Crédito ocupaba el primer puesto en la dotación de recursos propios y ajenos, así como en el número de sucursales, convirtiéndose en la entidad líder del sistema bancario español.
Para saber más:
BANCO ESPAÑOL DE CRÉDITO (1952): Bodas de Oro. Madrid.
GARCÍA RUIZ, José Luis (2003): “La etapa francesa de un gran banco español: Banesto, 1902-1927”. Ponencia presentada al VIII Congreso de Historia Económica, Santiago de Compostela, 13-16 de septiembre.
GARCÍA RUIZ, José Luis (2007): “Nacionalizando el capital bancario: Banesto y Paribas (1902-1927)”, en Investigaciones de Historia Económica, 9, pp. 79-108.
El Banco Español de Crédito (IV): incercia, crisis e intervención (1960-1993)
Copiado del Archivo Banco Santander :
El Banco Español de Crédito (IV): incercia, crisis e intervención (1960-1993)
Las dos décadas siguientes a la salida de Pablo Garnica de la presidencia transcurrieron para la entidad con cierta placidez en el negocio bancario pero con mucho menor dinamismo, circunstancia aprovechada con éxito por sus más directos competidores. No obstante, el Español de Crédito realizó operaciones societarias de cierta relevancia, como la adquisición del Banco Coca en 1978. Además, la mayor liberalización en materia bancaria de los años Sesenta, la aprobación de un marco legislativo propio para la banca industrial y el formidable auge promocional de la década en un contexto de fuerte crecimiento económico, movieron a Banesto a constituir una filial especializada en la gestión de sus negocios industriales: el Banco de Desarrollo Económico Español (Bandesco). Y precisamente fueron sus participaciones industriales, así como las complicaciones en la absorción de algunas entidades como el citado Banco Coca o el Garriga Nogués (1986), las causantes de serios problemas para la entidad cuando el ciclo económico cambió y la crisis se instaló en España a partir del primer oil shock en 1973. El punto más bajo en la trayectoria de Banesto se produjo cuando en 1986 presentó una cuenta de resultados con beneficio cero, lo que testimoniaba las dificultades que esta sociedad atravesó en el curso de la crisis bancaria abierta desde 1977.
Esta necesidad de cambio estuvo en la raíz del intento de fusión amistosa entre Banesto y el Banco Central, que se inició con Pablo Garnica Mansi (1909-2002)—hijo de Garnica Echevarría—en la presidencia de aquél, en tanto desde el Central era Epifanio Ridruejo Brieva—hijo del antiguo consejero delegado de Banesto—quien encabezaba las negociaciones como director general. Sin embargo, y pese al clima de cordialidad que caracterizó las discusiones, la deseada fusión no terminó de materializarse cuando en el invierno de 1988-1989 se constataron profundas divergencias de criterio entre las dos sociedades. La desestimación del proyecto se producía ya con Mario Conde a las riendas de la entidad, quien había desembarcado en Banesto junto a su socio Juan Abelló en los momentos más difíciles de la opa lanzada por el Bilbao. El fracaso de la fusión fue contemplado con preocupación por el Banco de España, que había insistido a las partes implicadas en la conveniencia de alcanzar un pronto acuerdo, consciente de las necesidades del sector en general y de Banesto en particular.
Sin embargo, el ascenso de Mario Conde a la presidencia coincidió con un momento especialmente brillante para la economía española como consecuencia del acceso del país a la Comunidad Económica Europea en 1986 y la entrada de un crecido flujo de capitales extranjeros, por lo que los nubarrones que se cernían sobre el Banco Español de Crédito parecían haberse evaporado tan sólo dos años después. Tanto Banesto como Central salían debilitados tras la renuncia a fusionarse, pero en tanto éste alcanzó un acuerdo de concentración con el Banco Hispano-Americano en 1991, la entidad presidida por Conde optaba por continuar su negocio en solitario. Negocio que durante estos años de euforia económica movió a su alta dirección a una cuestionable y desordenada expansión, aceptando clientes de alto riesgo, optando por inversiones poco afortunadas y elevando el coste financiero de su pasivo muy por encima del de sus competidores. Cuando en 1991 el ciclo económico entró en la fase de una severa crisis, los problemas en Banesto reaparecieron con virulencia.
La operación de salida a bolsa del holding Corporación Industrial Banesto, que agrupaba las participaciones empresariales de la sociedad, se vio frustrada por el desplome bursátil que siguió al desencadenamiento de la Primera Guerra del Golfo y sólo pudieron venderse los títulos de mayor calidad. El resto acabó por constituir un lastre para la cuenta de resultados de Banesto, que entre las crecidas provisiones y el elevado riesgo crediticio asumido vio gravemente dañada su solvencia. Ante el deterioro progresivo de la situación, el Banco de España urgió al Español de Crédito a presentar un plan de actuación que incluía un decidido incremento de sus recursos propios. Esta ampliación de capital, que contó con el apoyo de J.P. Morgan, cumplió las expectativas en sus dos primeros tramos, pero cuando en otoño de 1993 se aplazó la tercera fase la autoridad monetaria exigió proyectos adicionales de saneamiento que, finalmente, no lograron obtener la aprobación del supervisor. Para colmo, en el último trimestre de ese año, los inspectores del Banco de España—que llevaban meses sin abandonar la sede de Banesto—detectaron numerosas irregularidades contables, por lo que dado el carácter irreversible de su situación y el riesgo sistémico que implicaba para todo el sector bancario español, el 28 de diciembre de 1993 el Banco de España anunciaba su decisión de intervenir la entidad y sustituir provisionalmente a sus administradores. Al frente del nuevo consejo fue nombrando Alfredo Sáenz Abad, cuyo prestigio se había fraguado en el proceso de saneamiento de Banca Catalana. En poco tiempo, la retirada masiva de depósitos fue frenada y se presentó un programa de reflotamiento que resultó aprobado por el Consejo de Ministros.
El agujero patrimonial de la entidad ascendía a 245.000 millones de pesetas, por lo que la situación del Banco Español de Crédito era sin lugar a duda ninguna de quiebra técnica. El plan de saneamiento de Sáenz implicó una reducción de capital—que se saldó con una minusvalía para los accionistas de 320.000 millones de pesetas—y la toma de posición del Fondo de Garantía de Depósitos por valor de 285.000 millones de pesetas.
Para saber más:
MARTÍN ACEÑA, Pablo (2007): 1857-2007: Banco Santander, 150 años de historia. Turner. Grupo Santander, Madrid.
El Banco Español de Crédito (V): la nueva orientación en el Grupo Santander (1994-2013)
Del archivo Histórico Banco Santander :
El Banco Español de Crédito (V): la nueva orientación en el Grupo Santander (1994-2013)
En la primavera de 1994 estuvieron listas para ser ofrecidas al sector privado en pública subasta las 450 millones de acciones de Banesto propiedad del Fondo de Garantía de Depósitos, presentándose ofertas de Argentaria, el Banco Bilbao Vizcaya y el Santander. Aceptado el plan de viabilidad diseñado por cada uno de los concurrentes, la subasta acabaría decidiéndose casi exclusivamente por el precio ofertado. La adjudicación tuvo lugar el 25 de abril de 1994 al Banco Santander, que pagó 762 pesetas por acción frente a las 667 y 566 pesetas ofrecidas respectivamente por Bilbao y Argentaria. La operación costó al banco presidido por Emilio Botín 313.458 millones de pesetas, pero acercaba a la entidad cántabra al tamaño requerido para afianzarse como un banco competitivo en el marco de la próxima Unión Económica y Monetaria Europea. El Santander venía de realizar importantes operaciones societarias en el extranjero, como fueron los acuerdos con Royal Bank of Scotland o First Fidelity Bancorp, pero en el mercado nacional necesitaba un impulso adicional que la adquisición de Banesto podía otorgarle.
En efecto, con la incorporación del Español de Crédito al Grupo Santander las cifras de éste dieron un salto espectacular que supuso un incremento del activo total del 40%, en tanto el número de empleados pasaba de algo más de 12.000 a 29.000 y la red de sucursales—con un carácter complementario entre las dos entidades—crecía en casi 2.400 oficinas. Cierto es que algunos indicadores, como los de rentabilidad, eficiencia, morosidad y solvencia se resintieron, lo que indicaba la gravedad del deterioro sufrido por el balance del Español de Crédito. Junto con su matriz, se incorporaron el Grupo Santander filiales como Bandesco, el Banco de Vitoria, el de Albacete o el Peninsular, cuya licencia fue aprovechada para crear en 1995 Openbank, entidad especializada en banca telefónica, primero, y electrónica después.
Durante los siguientes cuatro años, el equipo de Alfredo Sáenz logró revertir la situación de Banesto, recuperando en un solo ejercicio todos los depósitos retirados a raíz de la intervención y reduciendo la morosidad. Al tiempo, la entidad incorporaba la cultura de gestión del riesgo del Santander, sus procedimientos de auditoría interna y ajustaba a la compatibilidad informática con su matriz la gestión del negocio. En 1998 el balance del Grupo crecía un 20% y el beneficio neto se multiplicaba por dos: lo esencial de la etapa de saneamiento de Banesto había concluido, lo que decidió al Santander a lanzar una OPA por el 98% del capital de la entidad. No obstante, Banesto siguió conservando su autonomía dentro del Grupo Santander.
Tras la incorporación de Alfredo Sáenz al Santander como consejero delegado en febrero de 2002, la presidencia de Banesto recayó en Ana Patricia Botín-Sanz de Sautola y O’Shea, cuya formación bancaria se había desarrollado en J.P. Morgan y diversas filiales del Santander, como Mercado de Capitales, Banco Santander de Negocios y Santander Investment. La nueva presidenta heredaba una sociedad no sólo perfectamente saneada, sino con una operatividad y funcionamiento caracterizados por una elevada eficacia. El equipo de Ana Patricia Botín conservó la autonomía en la gestión que caracterizó la etapa de su predecesor, reorganizó la entidad en dos redes—minorista y mayorista—reestructurando la red de sucursales, captó importantes clientes particulares convencidos del éxito de la fórmula que aunaba en Banesto tradición y modernidad y marcó una especial orientación del negocio hacia las pequeñas y medianas empresas.
Y si los cambios derivados de su adquisición habían transformado la cara del Banco Español de Crédito, de entidad con un fuerte sesgo industrial y un activo gravemente comprometido, en una banca comercial altamente rentable y eficiente, no menos evidentes fueron las transformaciones en el Santander, que si bien impuso un claro modelo de negocio, se benefició pronto de los efectos más positivos de su operación sobre Banesto: no sólo su tamaño se acercó al deseable en el entorno altamente competitivo de la Unión Económica y Monetaria que culminó con la entrada del euro en 2002, sino que también comprendió la necesidad de introducir cambios en la estructura del Grupo que garantizaran la plena operatividad de su funcionamiento: así, Banesto pasó a ser una de las seis nuevas áreas de negocio del Grupo Santander, junto con la Banca Comercial en España y el extranjero, Santander Investment, Banca Corporativa, Tesorería y Mercado de Capitales y Actividades Corporativas.
La marcha de Banesto de Ana Patricia Botín en noviembre de 2010 para dirigir la división británica del Santander dio paso en la presidencia a Antonio Basagoiti-García Tuñón, ex presidente de Unión Fenosa y consejero del Santander. Este cambio en la alta dirección del Banco Español de Crédito, realizado ya en plena crisis financiera y económica, no ha podido obviar la necesitad en el sector de urgentes procesos de redimensionamiento y reestructuración. Por ello, el pasado 17 diciembre el Santander anunció finalmente la liquidación de la marca comercial Banesto y su integración total en el Grupo, junto con su unidad de banca privada, Banif. La entidad que preside Emilio Botín espera lograr por esta operación, que se cerrará en mayo de 2013, unas sinergias valoradas en 520 millones de euros al cabo de tres años, en su mayor parte debidas al cierre de más de 700 sucursales y la supresión de unos 3.000 empleos.
Para saber más:
MARTÍN ACEÑA, Pablo (2007): 1857-2007: Banco Santander, 150 años de historia. Turner. Grupo Santander, Madrid.
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